Torre del Oro

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La Torre del Oro preside el paso del Guadalquivir por Sevilla. En realidad la dársena, pero esa es otra historia. Compone la estampa típica del paseo fluvial junto a los cruceros, los ciclistas y paseantes, y el Paseo de Colón por detrás, y más atrás la Giralda. Es una torre albarrana de la época almohade que representa todo un símbolo de la ciudad.

La famosa torre, de 36 metros de altura y tres cuerpos, formaba parte de la antigua muralla de Sevilla. Se encontraba en el extremo meridional de un lienzo que cerraba el paso al Arenal comunicando con el Real Alcázar. A medida que se alejaban del palacio, las torres que formaban parte de esta extensión de muralla aumentaban el número de lados. La Torre del Oro, la última de todas, tiene doce.

El edificio fue construido entre 1220 y 1221 y, por su situación, también servía para defender el puerto y como atalaya. Recubierta de un mortero de cal y paja prensada, su reflejo brillaba en el río. Ese podía ser el origen de su nombre, aunque también su importancia dentro de la muralla, dado que también existía una Torre de la Plata con ocho lados. Otras leyendas sobre su nombre fueron descartadas en la restauración que se realizó en 2005, como la del recubrimiento de azulejos o los cargamentos de oro americano que supuestamente se almacenaban en la torre.

Tras el terremoto de Lisboa de 1755, se precisó una restauración y el ingeniero militar Sebastián Van der Borcht le añadió en 1760 el cuerpo superior, cilíndrico y rematado con una cúpula dorada. A lo largo de su historia llegó a ser capilla y cárcel y en la actualidad alberga el Museo Naval.

Con una colección de 400 piezas provenientes del Museo Naval de Madrid, en la Torre del Oro se muestran desde 1944 instrumentos antiguos de navegación y maquetas, documentos históricos, grabados y cartas náuticas.

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