Giralda

El antiguo alminar de la Mezquita Mayor es, junto con el Patio de los Naranjos, uno de los testimonios más evidentes del antiguo templo musulmán sobre el que se edificó la Catedral de Sevilla. Además de su imponente figura elevándose sobre la Plaza Virgen de los Reyes, la actual torre campanario es conocida por integrar diferentes estilos artísticos históricos que son los que han dado resultado a un verdadero símbolo de Sevilla. Desde los vestigios romanos utilizados en su base a la imagen renacentista que la culmina.

La torre original se construyó entre 1184 y 1198 con una altura total de 82 metros. En el siglo XII eso le valía para ser la más alta de Europa, incluyendo un remate de cuatro bolas doradas (también conocido como yamur). Con la conquista cristiana de Sevilla, en 1248, la mezquita fue consagrada y mantuvo el alminar almohade.

En 1356, un terremoto provocó la caída del yamur y en su lugar se colocó una espadaña con una campana. No obstante, el cuerpo de campanas que conocemos hoy no se instaló hasta el siglo XVI, cuando también obtiene la denominación que tiene actualmente.

El arquitecto Hernán Ruiz firmó el diseño del cuerpo de campanas, que se construyó entre 1557 y 1568. Cuenta con 24 campanas y está rematado por cuatro jarras de azucenas de bronce. Sobre él se levanta el cuerpo del reloj, el cuero de las estrellas (se reconoce por la inscripción latina), el de las carambolas, el penacho, una esfera de bronce y, en lo más alto, una estatua de bronce de 3,5 metros de alto. Es el Giraldillo, que acabó dando nombre a toda la torre, la Giralda.

En origen, la estatua se llamó Triunfo de la Fe victoriosa, pero al ser una veleta se acabó imponiendo la denominación popular. En este punto, la Giralda alcanza los 94,69 metros de altura.

La subida se realiza en su interior a través de 34 rampas que permitían subir a caballo, más 17 escalones para acceder al cuerpo de campanas.

«Una vez me mandó que fuese a desafiar a aquella famosa giganta de Sevilla llamada la Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronce, y sin mudarse de un lugar es la más movible y voltaria mujer del mundo. Llegué, vila y vencíla, y hícela estar queda y a raya, porque en más de una semana no soplaron sino vientos nortes»

Don Quijote de la Mancha