Palacio de San Telmo

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Un palacio barroco que fue concebido como colegio, sirvió de residencia a la realeza y que en la actualidad alberga la Consejería de Presidencia de la Junta de Andalucía. El Palacio de San Telmo es uno de los edificios más icónicos de Sevilla, la Sevilla barroca, y a pesar de su larga historia y de estar tan a la vista del paseante no es de los más conocidos. Y sí, puede visitarse.

La historia del palacio comienza en 1681, cuando se funda en Sevilla un colegio seminario destinado a recoger a niños desamparados y huérfanos para instruirlos en la navegación. Sin embargo, la construcción del edificio se produjo de manera irregular en las dos centurias siguientes. La capilla fue inaugurada en 1724, con decoración del pintor Domingo Martínez, el escultor Pedro Duque Cornejo y el arquitecto de retablos José Maestre, presidida por una imagen de Nuestra Señora del Buen Aire tallada por Juan de Oviedo en 1600; pero el conjunto se mantuvo en obras durante las décadas posteriores siguiendo el diseño de Leonardo de Figueroa (diferente al original) que continuaron su hijo y su nieto.

De hecho, si el Palacio de San Telmo es uno de los edificios emblemáticos de la arquitectura barroca sevillana es en gran parte por la fantástica portada churrigueresca que llevaron a cabo los Figueroa hasta ser finalizada en 1754. Por lo demás, el edificio se caracteriza formalmente por su planta rectangular con varios patios interiores, uno de ellos central, torres en las cuatro esquinas, capilla y jardines.

Para 1849, cuando el Estado enajenó San Telmo y su huerta para que la Infanta María Luisa y su esposo, el Duque de Montpensier, establecieran en el palacio su residencia familiar, el edificio ya había abandonado su propósito inicial y era un colegio de enseñanza privada. Con este cambio de manos, y para acondicionarlo a sus nuevos inquilinos, el arquitecto Balbino Marrón dirigió importantes transformaciones interiores y exteriores.

En las décadas siguientes la finca se amplió con espectaculares jardines de las huertas limítrofes, incluyendo a final del XIX el Costurero de la Reina, de Juan Talavera padre. Para entender las formidables dimensiones de los jardines del palacio de los Montpensier, basta reparar en que el Parque de María Luisa, auténtico pulmón de Sevilla por la zona sur, surgió de una donación de la infanta a la ciudad.

Antes de convertirse en sede del gobierno andaluz, aún fue utilizado como seminario por la Archidiócesis de Sevilla tras ser donada por la infanta.

Al aproximarnos al palacio, además de su soberbia portada principal, llama la atención la fachada norte de la calle Palos de la Frontera. Allí se alinean doce estatuas, la conocida como Galería de Sevillanos Ilustres, donde el escultor Antonio Susillo representó en 1895 a Juan Martínez Montañés, Rodrigo Ponce de León y Núñez, Diego Velázquez, Miguel Mañara, Lope de Rueda, Diego Ortiz de Zúñiga, Fernando de Herrera, Luis Daoíz, Benito Arias Montano, Bartolomé Esteban Murillo, Fernando Afán de Ribera y Téllez-Girón y Bartolomé de las Casas (algunos de ellos sevillanos de adopción, no de nacimiento).

Un verdadero tesoro, accesible y sorprendente, cuya visita puedes solicitar aquí.

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