Maquedano y el sombrero de Sevilla

Hablar en Sevilla de sombreros, es hablar de Maquedano. Desde 1896 esta marca vende los mejores sobreros en la ciudad. Fueron varios los primeros propietarios, siendo uno de los más destacado el añorado Juan Maquedano, quien a finales del siglo XIX decidió cambiar su vida en Huelva para encargarse de este negocio, sueño nacido de una inspiración que tuvieron los fundadores tras su vuelta de unos años en la isla de Cuba, donde eran muchos los que lucian unos bonitos sombreros.

Desde entonces y hasta la fecha, la tienda, situada en la conocida calle de la Sierpes donde de manera ininterrumpida abren cada día a un público fiel a la marca y al estilo maquedano.Clientes de todo el mundo entran cada día para probarse y comprar algunos de los Panamás más reconocidos en España, o algunos de los Indiana, uno de los modelos más vendidos.

Toda una vida dedicada a los sombreros en la familia Maquedano, que en los últimos años continúa con la tercera saga, con Cristina, una nieta del fundador, que de pequeña ya vivía en el mundo del sombrero y jugaba por la tienda como su lugar habitual de juegos, participando incluso con pequeñas labores en el comercio.

Como dicen ellos, los sueños, la tradición y la implicación son parte de su razón de ser, la importancia de la familia y la de mantener un comercio centenario. La marca está orgullosa de poder seguir conservando el sabor y el encanto de la tienda a lo largo de tantos años y de contribuir a que no pierda la esencia original de la firma, y de esta calle tan sevillana.

Maquedano es un museo del sombrero y una joya del Patrimonio Industrial. Fue antaño el primer comercio de Sevilla donde se ofrecieron a los clientes los famosos sombreros Panamá y es el único comercio de la ciudad especializado exclusivamente en sombreros. Un contenedor de historias y de páginas por escribir.

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El edificio, una auténtica joya del modernismo, es obra del conocido arquitecto José Gómez Millán. Destaca en su primera planta el cerramiento acristalado que daba luz en sus primeros años al taller donde sombrereros y forradoras fabricaban los artículos. Hoy estas estancias se destinan como lugar de almacén. No ha habido grandes cambios,  de hecho se conservan sus fascinantes espejos, la escalera de caracol, que insinúa un interrogante, los escaparates con los cristales brocados con las iniciales de su fundador, y la estética exterior en pinturas y colores, que refleja fielmente su estampa inicial.

Sin duda alguna una visita obligada para los nostálgicos, y para los que les guste llevar un sombrero. Hay miles de opciones parta escoger, de hombre, de mujer, de verano, de invierno, andaluces, de faena, de fiesta, y un largo etcétera.

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