Iglesia del Salvador

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La Plaza del Salvador siempre ha ocupado un lugar central en la vida de Sevilla. En la época romana, por la zona se extendía el foro, el espacio público con templos, termas y mercados. En la Sevilla musulmana, aquí se encontraba la Mezquita Mayor, que permaneció tras la conquista cristiana de 1248. Y a partir de 1340, este templo dio paso a la Iglesia Colegial del Salvador, que sigue en el corazón de lo que pasa en la capital hispalense.

En la Sevilla más tradicional, la Iglesia del Salvador es uno de sus escenarios predilectos. De aquí sale en Semana Santa dos de las hermandades más veneradas: El Amor, con la popular Borriquita, el Domingo de Ramos; y Pasión, el Jueves Santo. Además, de esta iglesia parte en peregrinación la Hermandad del Rocío de Sevilla.

Entre los más mundanos, el Salvador es un lugar imprescindible para la restauración, las compras y la interacción social en los alrededores del templo.

Formalmente, tras una fachada principal de estilo manierista, se accede a un gran edificio con tres naves repleto de obras de arte. De entrada, cuenta con 14 retablos, el principal de estilo barroco realizado por Cayetano de Acosta; y con tallas de escultores tan apreciados como Juan de Mesa o Juan Martínez Montañés.

El aspecto actual de la iglesia se corresponde a la construcción que se llevó a cabo entre 1674 y 1712, finalizada por el arquitecto Leonardo de Figueroa. El deterioro de la colegiata anterior, construida sobre la mezquita, aconsejaba una reconstrucción y aun después, en la segunda mitad del siglo XIX, hubo que intervenir en el edificio. La última gran aportación se produjo con la capilla de la Pasión realizada por Juan Talavera de la Vega en 1907.

Se trata del segundo templo más importante de la ciudad, después de la Catedral, y como la mole gótica cuenta con unas interesantes visitas a sus cubiertas.

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