Ayuntamiento de Sevilla

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El edificio del Ayuntamiento de Sevilla data del siglo XVI con una notable ampliación en el XIX. Se trata, por tanto, de un monumento que conjuga el arte renacentista, concretamente el plateresco, con el neoclásico. Y además entre dos de las plazas más transitadas de Sevilla: la Plaza Nueva y la Plaza de San Francisco. El paseante del centro se encuentra necesariamente con esta oportunidad de conocer la historia de Sevilla allí donde se gobierna la ciudad.

Originalmente, el ayuntamiento se encontraba unido al antiguo Convento Casa Grande de San Francisco, que se extendía por la actual Plaza Nueva. Se dice que el icónico arquillo que se conserva en el flanco de la Avenida de la Constitución comunicaba con este desaparecido monasterio, del que quedan pocos testimonios.

El primer diseño de la casa consistorial se debe a Diego de Riaño en 1528, de ahí su estilo plateresco, aunque la construcción no comenzó hasta 1532 y, desde su fallecimiento en 1534, acabó siendo ejecutado por sus discípulos. Juan Sánchez dirigió la fachada a la Plaza de San Francisco y la escalera, Hernán Ruiz II realizó la planta sobre el arquillo y la cúpula de remate de la escalera, Benvenuto Tortello hizo la Capilla del Concejo.

El edificio renacentista constaba de dos plantas, pero en el siglo XIX se amplió y se reformó. La fachada neoclásica que da a la Plaza Nueva es obra de Balbino Marrón y, por la Plaza de San Francisco, las aportaciones fueron de Demetrio de los Ríos. Se añadió una tercera planta.

En el interior se custodian valiosas pinturas y esculturas, así como suntuosos salones. La Sala Capitular Baja, con vistosos relieves, y la Sala Capitular, con su artesonado de madera emparentado con el del techo del Salón de Carlos V del Real Alcázar, son sólo dos de las estancias que se deben conocer en este valioso edificio abierto a los visitantes.

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